domingo, 14 de febrero de 2010

Ella y él

Sólo su inconsciente lo recordaba: cada vez que ella se dormía, soñaba con él. En todos sus sueños, siempre aparecía él con su rostro esplendoroso, pero ella nunca se acordaba de sus sueños. Cuando se despertaba, ignoraba la presencia de él. ¡Cómo se moría ella, inconscientemente, por recordar su rostro! Pero ella ni siquiera sabía que deseaba recordar algún rostro, pues, conscientemente, no se daba cuenta de que él existía. Más aún: lo que menos sabía era que ella misma, en su estado consciente, sólo era un sueño del mismo que vivía en el sueño de ella.

domingo, 7 de febrero de 2010

Genocidio

Presentíamos que algo tramaban contra nosotros, querían utilizarnos. Nos dejaron atrapados y hacinados en un cuarto oscuro por varios días, sin atendernos. Cada vez llegaban más. Luego nos sacaron y nos transportaron en unos «vagones», todos apretujados, aplastados y apestosos. Nos encerraron en una cámara a su control, en donde nos obligaron a dar vueltas y vueltas por media hora, mientras una sustancia química salía de unos orificios en la parte superior, cubriéndonos totalmente. Finalmente, nos trancaron en otra cámara, esta vez a una temperatura extremadamente alta, y de nuevo a dar vueltas. Su plan era dejarnos exprimidos. Damos testimonio de que estas operaciones de limpieza las realizaron siempre en la lavandería.

Nota: Después de leer los relatos turbadores de Zofia Nalkowska, no podía salir otro escrito sino éste.


Título del próximo cuento: ELLA Y Él
Se posteará: domingo 14 de febrero

domingo, 31 de enero de 2010

Su manera de decirnos: «¡Hola!»

En el fondo del mar
hay un hospital psiquiátrico
en donde se encierra a las olas.
Cada cierto tiempo,
el guardián marino las deja libres,
pero sólo por unos segundos,
para que tomen aire.
Por eso vemos
que aparecen y desaparecen olas
en cuestión de instantes.
Y en ese brevísimo tiempo,
las olas exteriorizan
su demencia incontenible:
están locas de alegría.
A veces provocan daños
en ese estallido de gozo,
pero no lo hacen porque sean malas:
son las consecuencias
de sus travesuras descontroladas.


Título del próximo cuento: GENOCIDIO
Se posteará: domingo 7 de febrero

domingo, 24 de enero de 2010

Efectos secundarios

Fue enviado con sus instrucciones de uso.
Revisaron su fecha de caducidad.
Lo agitaron antes de ser tomado.
Lo abrieron y lo consumieron.
Lo dejaron herméticamente cerrado.
Lo mantuvieron refrigerado.
Regresó para llorar, pero no podía:
le habían soldado el alma a su arma.
No sabía que le habían dado el Sol.
¡Pobre soldado!


Título del próximo cuento: SU MANERA DE DECIRNOS: «¡HOLA!»
Se posteará: domingo 31 de enero

domingo, 10 de enero de 2010

En cinta

Ella llegó con el padre. A veces con vacilación y otras con decisión, como emocionada, se acercaba al lugar donde lo encontraría. Después de nueve meses de espera, sus ojos brillaron al verlo. Lo cargó con cariño. Se fijó en sus detalles. Lo observó de perfil y de frente. Palpó su piel, acariciándola. Lo olfateó, tanteó su peso… El padre pidió envolverlo en cinta verde. Finalmente cumplió la promesa que le hizo a la chica cuando, en su colegio, ella recibió la Confirmación: regalarle un ejemplar de la Biblia de Jerusalén.


Título del próximo cuento: EFECTOS SECUNDARIOS
Se posteará: domingo 24 de enero

domingo, 3 de enero de 2010

Sospecha

Hacía cuatro meses que Juan Manuel empezó su catecismo. En la parroquia elegantemente engalanada, él y otros 34 niños de su colegio, aprovechando el inicio del año, recibieron su Primera Comunión. La ceremonia estuvo cargada de símbolos. El ambiente era festivo y de mucha espiritualidad. La homilía fue motivadora; las oraciones, inspiradas; las canciones, alegres; los agradecimientos, emotivos.
Terminada la liturgia, cada niño se marchó con sus padres a sus respectivos lugares de celebración: restaurantes, plazas de juegos, parques recreativos… A Juan Manuel se le notaba absorto. Mientras sus amigos jugaban, él se mostraba taciturno. Pidió a sus padres que, en cuanto pudieran, lo llevaran a la casa. Ellos, pensando que su hijo estaba en algún ensimismamiento místico, rápidamente lo trasladaron de la diversión a su hogar.
Ya en la casa, el pequeño, presuroso, fue a su ordenador a navegar en internet. Con un buscador, confirmó su sospecha: «Los insectos tienen seis patas».
Esa noche, el niño no podía conciliar el sueño. Con las luces apagadas, no dejaba de tocar sus costados en busca de alguna extraña protuberancia. No cesaba de mirar su espalda, a ver si descubría alguna misteriosa luz. Por más que intentaba cerrar sus ojos para dormir, no lograba apagar en su mente la voz de la catequista que, al final de la misa, había dicho: «Espero que, desde hoy, ustedes se conviertan en 35 luciérnagas que lleven la luz a sus casas».


Título del próximo cuento: EN CINTA
Se posteará: domingo 10 de enero

domingo, 27 de diciembre de 2009

Ton-tin-ton…

Ho Hsueh no es como sus compañeros de estudio: es un niño taiwanés radicado en Santo Domingo. No le gusta el colegio, dice que los niños se mofan de él por ser diferente a los demás. No le gusta el colegio…
Hoy, la «profe» de biología ha puesto una tarea: cada niño, en su casa, deberá buscar un lugar silencioso para escuchar los sonidos de la naturaleza e identificarlos: el mover de las hojas, el canto de los grillos, el soplo de la brisa, el ladrido del cachorro…
Ho Hsueh está encerrado: en su habitación y en sí mismo. «No me gusta la tarea de biología», repite su pensamiento.
En medio de su esfuerzo, ruge la alarma del carro de Mabel, la vecina: «Tontín tontín tontín…». Ho Hsueh no puede oír otro sonido fuera del «tontín tontín tontín…».
«¿A quién insulta el carro diciendo: “tontín tontín tintín”?», se pregunta el pequeño. «¿A Mabel, al ladrón del carro o a mí?… Mabel es mujer, el ladrón no está… entonces… ¡hasta el carro se burla de mí!».
Ho Hsueh cierra sus ojos y se imagina el rostro burlón del carro.
Laura, la mamá del niño, entra a la habitación y descubre que tiene sus ojos cerrados.
«Amor, ¿qué te pasa?», Laura le extiende sus brazos.
«Es que el carro de Mabel me desprecia, me grita: “tontín tontín tontín”». Ho Hsueh se deja abrazar por su mamá.
Ella sonríe con ternura, cuando le aclara: «Cielito mío, el carro no dice: “tontín tontín tontín”; si escuchas bien, dice: “tinton tinton tinton”. ¡Está tratando de hablar chino porque quiere ser tu amigo! Escúchalo bien: “tinton tinton tinton”».
Ho Hsueh se recoge una lágrima cuando escucha: «Tinton tinton tinton».
Ríe. Cierra sus ojos para oír mejor, y se imagina el rostro amistoso del carro. Y el miedo se va. Después de todo, el mundo no es tan horrible… Y la tarea de biología… ¡es divertida!


Título del próximo cuento: SOSPECHA
Se posteará: domingo 3 de enero