domingo, 1 de noviembre de 2009

Nadie

Fui a desafiar al río: «A que no sabes lo que yo sé». Pero él siguió su curso. Es que nadie sabe lo que yo sé, ni la calle que me ignora, ni el tiempo que me pasa por encima. «¿Quieres saber lo que yo sé?», le inquirí al espía. Él, aun con sus torturas, no pudo ablandar mi lengua aferrada a lo que nadie sabe. Nadie lo sabe, ni el poder que nunca sabe, ni el mendigo que sabe lo que no sé, ni el juez que toma decisiones sobre lo que dice saber, ni el labriego que sabe de signos de los tiempos. «¿Usted sabe lo que yo sé?». «Sabemos que hay un camino al cielo», me respondió el Papa, pero eso no es lo que yo sé. Nadie sabe lo que yo sé. Y si nadie lo sabe, yo tampoco. No sé lo que sé... Recibo en mi móvil una llamada de mi mismo número, y escucho una voz algo conocida: «Hola, quiero saber qué es lo que sabes… Soy nadie».

Basado en el poema «Tampoco», de Mario Benedetti.


Título del próximo cuento: DÉDALO
Se posteará: domingo 8 de noviembre

domingo, 25 de octubre de 2009

Ilegal

Habiéndose adentrado profundamente en el laberinto con el hilo de su amada, Teseo se acomodó para descansar, vencido por el tedio. Mientras se debatía entre el sueño y la vigilia, unos agentes de «la migra» onírica se le aproximaron: «¡Levántate! ¡No puedes estar aquí! Este laberinto pertenece a un sueño ajeno. Es propiedad de Ariadna». Enseguida fue empujado por unas máquinas que lo alzaron hasta una nave voladora. Inesperadamente se transportó a un extraño lugar repleto de gigantes altísimos, cubiertos de ojos cuadriculados. El que estaba justo delante de él era un monstruo verde con fuego en su mano, más desafiante que el Minotauro. Teseo empuñó ferozmente su espada para atacar, pero una idea entró y le frenó: «¿Y si esto no es más que un sueño?». Se forzó para despertarse. Cuando lo hubo logrado (al menos eso creía), volvió a su realidad. Arriba seguían Orión y Sirio. Abajo veía los mismos árboles pero el laberinto no estaba, ni el hilo que le di: me había despertado. Los que sí estaban eran una embotada navaja en su diestra y, en la otra mano —como un recuerdo del futuro— un souvenir de la Estatua de la Libertad.


Título del próximo cuento: NADIE
Se posteará: domingo 1 de noviembre

domingo, 18 de octubre de 2009

Escenario real

Bajó el telón y el actor asumió inmediatamente otro libreto: interpretar el papel de espectador de su propia vida.


Título del próximo cuento: ILEGAL
Se posteará: domingo 25 de octubre

domingo, 11 de octubre de 2009

Interferencias de la cuarta dimensión

La batalla decisiva se libraba en el aire. En la punta de su avión, el teniente había pintado la cabeza de un tigre feroz. Él mismo lo piloteaba. Se aproximaban dos aviones enemigos descargando ráfagas de fuego. El del tigre maniobró con destreza, evadiendo ser alcanzado. El copiloto del teniente, por su parte, empezó a disparar contra los dos aviones.
Por más que apretaba el botón, el niño no lograba acertar en los tiros. Aún tenía que habituarse a los botones, pues apenas estaba estrenando este nuevo juego que sus padres le compraron. Su hermanita se mofaba de sus muecas cada vez que fallaba. Aquellos dos aviones parecían salirse de la pantalla del televisor. Parecían tan reales. No era fácil para él, defenderse y atacar al mismo tiempo.
Repentinamente, una explosión bloqueó la visibilidad por algunos segundos. Cuando el humazo se disipaba, el teniente distinguió un avión precipitándose en una enorme llamarada. «¡Le dimos a uno!», gritó con euforia a su copiloto. Éste guardó silencio. En efecto, era lo único que se oía: silencio. Aunque seguían elevándose en el vuelo, era como si, en un improviso, todo se hubiera transportado hacia otra dimensión.
La niña se reía, viendo a su hermano vitorear como si hubiera logrado una formidable hazaña. No había tiempo que perder. No se podía cantar victoria: quedaban enemigos que abatir. A estas alturas, el niño ya era un avezado manejando el control remoto. El juego parecía llegar a un punto de clímax, cuando un inesperado apagón interrumpió la energía eléctrica del barrio, y la pantalla se tornó oscura. La niña no se aguantaba de la risa.
Fue cuando el teniente pudo mirar con detenimiento: aquel avión que se alejaba, cayendo en picada, tenía pintada la cabeza de un tigre feroz.


Título del próximo cuento: ESCENARIO REAL
Se posteará: domingo 18 de octubre

domingo, 4 de octubre de 2009

El sacrificio

Rebelde al fin, no soportaba ser manipulado por nadie. Intentó encabezar una revolución para liberarse del poder de los gigantes. Quince compatriotas y él estaban de un bando, enfrentados contra los vecinos enemigos, por capricho de dos gigantes.
Alzó su voz, llamando a la desobediencia: «¡No os dejéis controlar por esos monstruos! ¡Decidamos nosotros mismos nuestros destinos! ¿No habéis caído en la cuenta de que nos sacrifican y nos ponen a pelear unos contra otros, mientras ellos se quedan disfrutando todo? ¡Usemos nuestra firme voluntad para dar nuestros propios pasos!».
El rebelde, diciendo esto, se aprestó para saltar por sí mismo por primera vez; pero antes de lograrlo, una mano lo emplazó en otro escaque, en una jugada de sacrificio. Entonces otra mano lo sacó de circulación y en su lugar colocó un peón negro.


Título del próximo cuento: INTERFERENCIAS DE LA CUARTA DIMENSIÓN
Se posteará: domingo 11 de octubre

domingo, 27 de septiembre de 2009

Lección de danza

Érase una vez una grulla que quería aprender el arte milenario de la danza ritual. Para ello, sus amigas le sugirieron una escuela. Se inscribió en ella, y se colocó en la lista de espera, junto con otros alumnos: canguros, águilas, erizos, pulpos, pingüinos, asnos… Después de esperar bastante, se presentó la maestra. Era una vieja tortuga. La grulla se desencantó: «¿Cómo una lenta tortuga me va a enseñar a danzar?».
La maestra pidió a todos, acercarse a su pecho. Arrimados al pecho de la tortuga, pudieron escuchar palpitar su corazón con fuerza por encima del caparazón. Todos visualizaron un corazón danzante. Y la grulla aprendió la única lección: «La música se lleva por dentro».


Título del próximo cuento: EL SACRIFICIO
Se posteará: domingo 4 de octubre

domingo, 20 de septiembre de 2009

Miradas esquivas

La ruta del tren termina en el «suicidadero». En el plano de la ciudad, la última estación figura como El Desfiladero, pero puesto que allí se encuentra el barranco que muchos escogen para terminar su vida, el pueblo la ha nombrado con aquel sombrío sustantivo.
Acomodada en el asiento 11 del tren, Ramona pasea su mirada por la ventanilla (es difícil mirar a los demás pasajeros cuando se es una ficha anónima en medio de rostros impersonales). Sus ojos bajan para leer algo del periódico que sujetan sus manos: noticias habituales sin ningún interés en sus páginas. En un giro rápido, más bien rutinario, Ramona echa un vistazo por dentro del vagón. El hombre del asiento 16 se parece muchísimo a Luis. Lo que parece ser el tallo de una flor sobresale del bolsillo de su chaleco. Tiene el mismo peinado de Luis, sus mismas cejas y orejas, su mentón es idéntico, incluso se viste como él. Ramona juraría que se trata de Luis, si no fuera porque el hombre del asiento 16, aun viendo que Ramona lo mira, no le dirige ningún saludo; más bien parece amenazado por esa mirada, como preguntándose: «¿Y quién será ésta que me mira tanto?».
Ramona aparta su mirada para no incomodar al pasajero del asiento 16. «El parecido es impresionante», piensa ella. «La próxima vez que vea a Luis le diré que vi a su gemelo».
En la penúltima estación, Ramona se baja del tren, dejando en el vagón a apenas tres hombres, entre ellos el pasajero del asiento 16. Éste, en medio de su depresión, se queda preguntando: «¿Por qué no me saludó? Si ella me vio, ¿por qué tenía que disimular que no me había visto? ¿Me devuelvo para encararme con ella, o mejor no? ¿Será que tampoco Ramona quiere saber de mí?». Saca la flor marchita de su bolsillo, y se hunde más en su tristeza. Su mirada se desvía, pero el tren no: continúa su marcha hacia su última estación.


Título del próximo cuento: LECCIÓN DE DANZA

Se posteará: domingo 27 de septiembre