A Jesús de Nazaret, creador de cuentos que no son puros cuentos, sino cuentos puros de Verdad... A Laura, creamos juntos un relato que no es corto, sino hasta que la muerte nos una más.
domingo, 1 de noviembre de 2009
Nadie
Basado en el poema «Tampoco», de Mario Benedetti.
Título del próximo cuento: DÉDALO
Se posteará: domingo 8 de noviembre
domingo, 25 de octubre de 2009
Ilegal
Título del próximo cuento: NADIE
Se posteará: domingo 1 de noviembre
domingo, 18 de octubre de 2009
Escenario real
Título del próximo cuento: ILEGAL
Se posteará: domingo 25 de octubre
domingo, 11 de octubre de 2009
Interferencias de la cuarta dimensión
La batalla decisiva se libraba en el aire. En la punta de su avión, el teniente había pintado la cabeza de un tigre feroz. Él mismo lo piloteaba. Se aproximaban dos aviones enemigos descargando ráfagas de fuego. El del tigre maniobró con destreza, evadiendo ser alcanzado. El copiloto del teniente, por su parte, empezó a disparar contra los dos aviones.
Por más que apretaba el botón, el niño no lograba acertar en los tiros. Aún tenía que habituarse a los botones, pues apenas estaba estrenando este nuevo juego que sus padres le compraron. Su hermanita se mofaba de sus muecas cada vez que fallaba. Aquellos dos aviones parecían salirse de la pantalla del televisor. Parecían tan reales. No era fácil para él, defenderse y atacar al mismo tiempo.
Repentinamente, una explosión bloqueó la visibilidad por algunos segundos. Cuando el humazo se disipaba, el teniente distinguió un avión precipitándose en una enorme llamarada. «¡Le dimos a uno!», gritó con euforia a su copiloto. Éste guardó silencio. En efecto, era lo único que se oía: silencio. Aunque seguían elevándose en el vuelo, era como si, en un improviso, todo se hubiera transportado hacia otra dimensión.
La niña se reía, viendo a su hermano vitorear como si hubiera logrado una formidable hazaña. No había tiempo que perder. No se podía cantar victoria: quedaban enemigos que abatir. A estas alturas, el niño ya era un avezado manejando el control remoto. El juego parecía llegar a un punto de clímax, cuando un inesperado apagón interrumpió la energía eléctrica del barrio, y la pantalla se tornó oscura. La niña no se aguantaba de la risa.
Fue cuando el teniente pudo mirar con detenimiento: aquel avión que se alejaba, cayendo en picada, tenía pintada la cabeza de un tigre feroz.
Título del próximo cuento: ESCENARIO REAL
Se posteará: domingo 18 de octubre
domingo, 4 de octubre de 2009
El sacrificio
Alzó su voz, llamando a la desobediencia: «¡No os dejéis controlar por esos monstruos! ¡Decidamos nosotros mismos nuestros destinos! ¿No habéis caído en la cuenta de que nos sacrifican y nos ponen a pelear unos contra otros, mientras ellos se quedan disfrutando todo? ¡Usemos nuestra firme voluntad para dar nuestros propios pasos!».
El rebelde, diciendo esto, se aprestó para saltar por sí mismo por primera vez; pero antes de lograrlo, una mano lo emplazó en otro escaque, en una jugada de sacrificio. Entonces otra mano lo sacó de circulación y en su lugar colocó un peón negro.
Título del próximo cuento: INTERFERENCIAS DE LA CUARTA DIMENSIÓN
Se posteará: domingo 11 de octubre
domingo, 27 de septiembre de 2009
Lección de danza
La maestra pidió a todos, acercarse a su pecho. Arrimados al pecho de la tortuga, pudieron escuchar palpitar su corazón con fuerza por encima del caparazón. Todos visualizaron un corazón danzante. Y la grulla aprendió la única lección: «La música se lleva por dentro».
Título del próximo cuento: EL SACRIFICIO
Se posteará: domingo 4 de octubre
domingo, 20 de septiembre de 2009
Miradas esquivas
Acomodada en el asiento 11 del tren, Ramona pasea su mirada por la ventanilla (es difícil mirar a los demás pasajeros cuando se es una ficha anónima en medio de rostros impersonales). Sus ojos bajan para leer algo del periódico que sujetan sus manos: noticias habituales sin ningún interés en sus páginas. En un giro rápido, más bien rutinario, Ramona echa un vistazo por dentro del vagón. El hombre del asiento 16 se parece muchísimo a Luis. Lo que parece ser el tallo de una flor sobresale del bolsillo de su chaleco. Tiene el mismo peinado de Luis, sus mismas cejas y orejas, su mentón es idéntico, incluso se viste como él. Ramona juraría que se trata de Luis, si no fuera porque el hombre del asiento 16, aun viendo que Ramona lo mira, no le dirige ningún saludo; más bien parece amenazado por esa mirada, como preguntándose: «¿Y quién será ésta que me mira tanto?».
Ramona aparta su mirada para no incomodar al pasajero del asiento 16. «El parecido es impresionante», piensa ella. «La próxima vez que vea a Luis le diré que vi a su gemelo».
En la penúltima estación, Ramona se baja del tren, dejando en el vagón a apenas tres hombres, entre ellos el pasajero del asiento 16. Éste, en medio de su depresión, se queda preguntando: «¿Por qué no me saludó? Si ella me vio, ¿por qué tenía que disimular que no me había visto? ¿Me devuelvo para encararme con ella, o mejor no? ¿Será que tampoco Ramona quiere saber de mí?». Saca la flor marchita de su bolsillo, y se hunde más en su tristeza. Su mirada se desvía, pero el tren no: continúa su marcha hacia su última estación.
Título del próximo cuento: LECCIÓN DE DANZA
Se posteará: domingo 27 de septiembre